Tripiando en la Pista – Juan Inoa

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Juan Inoa

 

JURAMENTO16El juramento de los Trinitarios
“Cuando Signó el último, con el pliego abierto en la izquierda y señalando las cruces con la diestra, dijo Duarte: No es la cruz el signo del padecimiento; es el símbolo de la redención: queda bajo su égida, constituida la Trinitaria, y cada uno de los nueve socios obligados a reconstruirla, mientras exista uno, hasta cumplir el voto que hacemos de redimir la Patria del poder de los haitianos”.
No se conserva, que sepamos, ninguna de las nueve copias que hizo Duarte del Juramento que distribuyó el 16 de julio de 1838 en el momento de la instalación de la asociación patriótica genitora de la república. Serra enterró el suyo en 1843 junto con un ejemplar del alfabeto criptográfico, el de Concha desapareció quemado, y Ruiz dice perdió el suyo en las conmociones políticas de Venezuela; pero éste, que fue el último de los nueve en rendirse ante el reclamo imperativo de la muerte, lo conservó en la memoria y logró reconstruirlo en la larga y difusa carta que, fechada el 24 de abril de 1890 en Mérida de los Andes, donde pasó las últimas décadas de su vida, dirigió al director de El Mensajero, de esta capital, don Federico Henríquez y Carvajal, quien lo dio a conocer en el discurso que leyó en el Baluarte del Conde el 27 de febrero de 1891, con motivo del traslado de los restos de Mella a la Capilla de los Inmortales de la Santa Iglesia Catedral de Santo Domingo.
El texto conservado por el trinitario Ruiz es el único que se conoce. “Si con los años, al debilitarse la memoria de Ruiz, sufrió el Juramento alguna alteración, es cosa fuera de discusión y sin importancia; lo cierto es que existió el juramento y es lo que interesa. ¿Que por ser algo extenso pudo ser deformado? También poco importa: no es menos extenso el juramento de los próceres venezolanos, (Vease Gil Fortoul, Historia Constitucional de Venezuela. Caracas, 1930, vol.I, pp. 214-215), ni esa circunstancia ha sido suficiente para que se trate de discutir su existencia. Antes el contrario, Gil Fortoul la confirma, diciendo: “El texto, que resulta hoy demasiado largo, pero que había de serlo en aquella ocasión, amenazados como estaban los patriotas por dos reacciones, la del partido español y la del clero…”
La versión reconstruida por el trinitario Ruiz del famoso Juramento y cuyo “reconocimiento fue categórico” de parte de Félix María Delmonte, uno de los “comunicados” de la patriótica Sociedad genitora de la República , fue tenida por buena por Jose Gabriel García, Carlos Nouel, Emiliano Tejera, Fernando Arturo Meriño, Apolinar Tejera, Casimiro N. de Moya, Manuel Ubaldo Gómez, Arturo Logroño, Bernardo Pichardo, Leonidas y Alcides García Lluberes, grupo selecto de historiadores “capaz de librar a conciencia y saber un juicio sobre la materia”, quienes la aceptaron y tuvieron a bien utilizarla en sus importantes obras historiográficas.
En verdad que levanta el ánimo y “respira decisión y profundo amor cívico el juramento de los Trinitarios, ideado por Duarte y firmado con sangre, como a guisa de preámbulo escribe Emiliano Tejera cuando lo reproduce en su magna Exposición, en la cual reafirma que “todos firmaron con su sangre el juramento de morir o hacer libre la tierra de sus antepasados”.
Es ostensible que el mismo soplo que animó el Juramento Trinitario del 16 de julio de 1838, fue el que hizo brotar el artículo 6 del proyecto de Constitución de Duarte. De la misma manera que la Alocución de Santana del 16 de julio de 1844, pronunciada en el seno de la Junta Central Gubernativa en esa ominosa data, constituye el esbozo del Articulo 210 de la primera Constitución de la República.
Del sacro colegio apostólico de los trinitarios solamente perseveraron y permanecieron paradigmáticamente fieles al “terrible Juramento” hasta el término de sus días en este valle de lágrimas y amasijo de miserias, sin desmayos en su fervoroso patriotismo y sin caídas inexplicables en su dolorosa calle de amarguras, estos limpios varones gloria de su estirpe: Juan Pablo Duarte, Juan Isidro Perez y Pedro Alejandrino Pina, “tríade, señala el inolvidable historiador Alcides García Lluberes, refiriéndose a nuestra Independencia, de sus próceres más íntegros, puros y refulgentes, por lo acrisolado de sus vidas”. (Vetilio Alfau Durán)