Aliento del Cielo/Julia Castro

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ALGO QUE NO SE VA DE NOSOTROS

“Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan.” Hebreos 11:6

Es inevitable que en los tiempos que estamos viviendo y observando toda clase de situaciones, no tengamos momentos de incertidumbre, de angustia, temor, y haciéndonos cuestionamientos acerca de cómo saldremos adelante y cuándo terminará; pero la verdad de todo ésto es que no tenemos la respuesta y sólo podemos confiar en el único que tiene la respuesta para todas nuestras interrogantes con toda precisión.  Nos ha tocado vivir una generación donde existe de todo y donde todos estamos bajo el mismo régimen de recibir con dureza muchos problemas que no podemos solucionar; enfermedades que nadie puede sanar, sólo Dios; luchamos por adquirir éxitos y somos truncados por males mayores como son el egoísmo y la envidia, una experiencia muy común en estos tiempos de pandemia; pues esa es otra clase de pandemia y de verdad que para esa no hay vacuna de ninguna índole, y está alojada en muchos corazones de todas las razas, pueblos, naciones, en toda clase de grupo y sociedades que nos podamos imaginar.  Pero encontramos una esperanza en algo que siempre está latente en todos ser humano y aunque a veces no queremos expresarlo, el día menos pensado sale a relucir y ésto es la fe, que el Diccionario Ilustrado Cristiano la define como la aprobación que se da a alguna verdad, o confianza que una persona deposita en otra; es la total confianza del hombre en Cristo.  Dice en Hebreos 11:1 “Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve”. Es decir estamos seguros de la existencia de las cosas eternas; por la esperanza estamos confiados que las recibiremos. La fe es el instrumento que nos permite levantarnos en medio de las tormentas; ahora mismo son muchas las familias desalentadas, tristres, sin consuelo, quizás los problemas lo ven como interminables, llevan mucho tiempo separados de los seres que aman, quizás tienen algún pariente hospitalizado con este virus, llamado “el virus de la soledad” y he aquí donde entra en escena la “fe”, pues ella nos conduce a creer que podemos recibirla a través de Jesucristo y como nos dice Hebreos 12:1-2 “…que nos despojemos de todo peso que nos asedia, y corramos con paciencia, la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra de Dios.” Es triste conocer personas que están llenos de tradiciones y supersticiones religiosas, han llenado sus vidas de idolatría, creyendo en figuras fabricadas por hombres, pero como nos dice la Biblia en el Salmo 115: 4-8 “Los ídolos de ellos son plata y oro, obra de manos de hombres. Tienen boca, mas no hablan; tienen ojos, mas no ven; orejas tienen, mas no oyen; tienen narices, mas no huelen; manos tienen, mas no palpan; tienen pies, mas no andan; no hablan con su garganta.  Semejantes a ellos son los que los hacen, y cualquiera que confía en ellos.” La diferencia a ésto es que nuestro Dios está en Su trono y nos envío a su Hijo Jesús a morir por nuestros pecados para darnos vida y vida en abundancia, en él debemos poner nuestra fe.  Encontramos en Romanos 10:17 “Así que la fe es por el oir, y el oir, por la palabra de Dios.” Debemos llenarnos de esa palabra para cuando lleguen situaciones adversas podamos poner nuestra confianza en el que hace de “lo imposible, posible” el que cambia “las tinieblas en luz”, el que separó las aguas del Mar Rojo, para que el pueblo de Israel pasara en seco; el que cambia nuestras “tristezas en gozo” y nos da la “paz que sobrepasa todo entendimiento”.  Nos dió la fe como tabla de salvación para que no nos hundiéramos. Nuestra única esperanza se llama Jesús.  No importa el tamaño de tú tormenta y si dudas que puedas salir, no olvides poner tú confianza en el autor de la fe, aferrándote a ella y recordando que “sin fe es imposible agradar a Dios”.  Dios te bendiga.