Aliento Del Cielo/Julia Castro

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SIN EXIGENCIA, SINO CON AMOR

«He aquí, yo estoy a la puerta, y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo.»  Apocalipsis 3:20

Tenemos un ejemplo fiel de cómo lograr nuestros objetivos, sin necesidad de llegar a usar métodos equivocados, malas formas, palabras subidas de tono, sin mostrar asperidad, carácter grotesco y mal humorado, con el cual deseamos que los otros vean que ostentamos una posición privilegiada (eso es sólo en la tierra), que las cosas se tienen que hacer tal cual nosotros decimos, y por tanto que siempre tenemos la razón. Nuestro ejemplo fiel es Jesucristo, y a través de él las cosas se tornan más viables, el concepto de lo que deseamos expresar a los demás se hace más efectivo, pues nuestro modo de acercamiento y de interacción lo expresamos con amabilidad y encanto; y referente a lo que queremos lograr de los demás, lo vamos a lograr. La Biblia nos instruye de tal manera para que nuestra capacidad de interactuar sea la que realmente vive en nosotros; sin importar las circunstancias que puedan venir, y por eso quiere vivir en nosotros y con nosotros. Sin exigencia, pero sí con el amor que El es nos muestra en Apocalipsis 3:20 «He aquí, yo estoy a la puerta, y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo.» En este versículo podemos ver que Dios nos da lo que llamamos «libre albedrío» cuyo significado es la potestad que tiene el ser humano de obrar según considere o elija. Viendo la actitud del Señor frente a nosotros debiéramos estar atentos al llamado que con tanto amor nos hace, pues su deseo es que nos demos cuenta que él es lo mejor que nos puede pasar. También nos procura para que le entreguemos todas nuestras cargas, nuestras luchas, y nos dice “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os hare descansar.” Mateo 11:28. Nos asegura tranquilidad y bienestar, de modo que aceptándolo como nuestro amigo y Salvador estamos consintiendo que él es real. Encontramos otra invitación en Santiago 4:8 “Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros. Pecadores, limpiad las manos; y vosotros los de doble ánimo, purificad vuestros corazones.” El ha venido hoy a tocar la puerta de nuestro corazón porque su única intención es entrar en nuestras vidas para hacer de nosotros personas diferentes, que no le permitamos a las piedras que hablen; pues la palabra de Dios fue un mandato de Dios a todos sus discípulos, los que han escuchado Su voz “Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” Marcos 16:15-16.  «Si alguno oye mi voz…» dice el Señor, con tierno amor si has estado dispuesto a escuchar lo que yo quiero decirte,...y abres la puerta, puedes estar seguro que sin ninguna obligación entraré a ser parte de tú casa, de tú vida, de tú familia y de todo lo que tenga que ver contigo, con la finalidad de que me conozcas. David hizo una promesa a Dios de vivir rectamente y dijo en el Salmo 101:2-3 «Entenderé el camino de la perfección cuando vengas a mí.  En la integridad de mi corazón andaré en medio de mi casa.  No pondré delante de mis ojos cosa injusta.» 

Cuando aceptamos el llamado que el Señor nos hace es de gran beneficio, pues no tiene sólo tiene validez espiritual; sino que nos es de gran provecho en esta vida terrenal, porque comenzamos a gozar de Su reino desde el instante que entramos a pertenecer al mismo en obediencia y fervor.  Nos convertimos en ovejas de su rebaño y es por eso que encontramos en Juan 10:14 cuando Jesús dice: «Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas, y las mías me conocen.»  Su nacimiento, su vida, su muerte y su resurrección son muestras fehacientes de su magnífico amor.  Hebreos 3:7-8 «Por lo cual, como dice el Espíritu Santo: Si oyereis su voz, no endurezcáis vuestros corazones…”  Así lo hizo el pueblo de Israel por el engaño de pecado; se endureció, pero el Señor, como todo un Caballero nos pide permiso para transformarnos; por tanto oigamos la voz de Dios y dejemos que él entre a nuestro corazón y se quede como huésped por siempre en él.  Dios te bendiga.