ARMONIAS/Sergio Ottato  

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Guía Definitiva Para Hallar El Maridaje Perfecto Entre El Queso Y El Vino (PARTE II)

  1. Casi todos los quesos azules, tipo Roquefort, Cabrales, Gamoneu o Stilton, agradecen tintos fuertes y con cuerpo, blancos jóvenes y secos con buena estructura y grado alcohólico, incluso espumosos frescos y florales para limpiar la potencia de estos quesos. Aunque el perfecto equilibrio se consigue con vinos dulces oscuros y poderosos, como los PX, los Oportos o los monastrell mediterráneos.
  2. El queso de vaca u oveja de pasta dura (Ibérico, Manchego, Idiazábal, Roncal, Zamorano) debe reservarse a tintos más estructurados, a vinos con categoría y aporte de madera presente, como los de La Rioja, el Bierzo o la Ribera del Duero. También pueden ir bien con blancos de Chardonnay. Aunque los muy curados funcionan mejor con un amontillado o un palo cortado jerezanos. De hecho, los vinos de Jerez son los verdaderos todoterreno a la hora de armonizar todo tipo de quesos, sobre todo los más potentes.
  3. Apuesta por los maridajes por contraste: el queso Roquefort, por ejemplo, resulta exquisito con un Sauternes, y el Cabrales asturiano adquiere otra dimensión con una copa de malvasía canaria. El dulzor de estos vinos somete la potencia de este tipo de quesos y acentúa su redondez.
  4. Para armonizar con vino el Parmigiano Regiano, uno de los más antiguos y apreciados del mundo, hay que tener en cuenta su maduración. Un Parmigiano de entre 12 y 18 meses de curación presenta un sabor suave y armónico, y resulta especialmente agradable con vinos blancos espumosos. Los de más maduración, entre 22 y 24 meses, es mejor combinarlos con tintos de cuerpo medio, como el Sangiovese di Romagna, el Gutturnio o el Chianti Classico, si optamos por vinos italianos, o con un Rioja, un Ribera o un Priorat, si nos quedamos en España.

Y para los más viejos, los de 30 o 40 meses de maduración, hay que pensar en vinos con cuerpo y estructura como el Barolo, Barbaresco o Brunello di Montalcino, blancos con madera o trabajo de lías o, por qué no, un Jerez amontillado.

  1. Otro amor incondicional es el que existe entre el queso Cheddar y el vino tinto ligero, el blanco suave o las burbujas. El Feta, por su parte, se toma en Grecia con tintos ligeros o blancos con potencia de fruta.
  2. Tres maridajes que nunca fallan: el queso Gruyere se complementa a la perfección con los vinos blancos semidulces, el Brie con vino tinto, y el Camembert con cava.
  3. Los quesos blancos y suaves, como el de Burgos, también se pueden tomar con vino. Elige un blanco ligerito o un Rosado de esos que hacen gala de sus aromas a bayas y violetas, y disfruta de un bocado verdaderamente exquisito. Al fin y al cabo, uvas con queso saben a beso.