Plan de desarme

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Danilo Cruz Pichardo

El gobierno anunció un plan de desarme (con el objeto de reducir los niveles de inseguridad) mediante el cual se ofrecerá una compensación monetaria atractiva a las personas que entreguen armas ilegales.

Hay que saludar la preocupación del presidente Abinader en materia de inseguridad ciudadana y sus buenas intenciones sobre los más diversos problemas, pero constituye un desatino premiar ilegalidades sobre tenencia de armas al margen de la Ley 631-16, sobre control y regulación.

Un buen porcentaje de personas que tienen armas de fuego de forma ilegal se dedican a actividades criminales, como atracos, asaltos, secuestros y otras. Se trata regularmente de jóvenes que, en algunos casos, han eliminado a ciudadanos y a ciudadanas indefensas. ¿Ese tipo de actos se pretende premiar?.

Se sugiere que el presidente auspicie un taller con expertos y en función de los resultados tome las medidas pertinentes en torno a ese preocupante problema. Las intenciones, reitero, son buenas, pero no se puede estar improvisando, como en efecto se hizo meses atrás cuando se anunció otorgar mil pesos mensuales a los jóvenes que no estudian ni trabajan.

(Una forma de premiar la vagancia, con la agravante que el vago nada bueno inventa y muchos de ellos son gente “non sancta”).

Enfrentar la inseguridad de forma satisfactoria no es tan difícil cuando hay voluntad. El presidente lo que tiene es que poner a los organismos de seguridad a trabajar en coordinación con las juntas de vecinos de todos sectores. Y con las tecnologías modernas y las redes en poco tiempo se podrían identificar a los responsables de la alarmante criminalidad.

Pero el presidente tiene que tomar en cuenta algunos obstáculos. Y entre esos obstáculos está que muchos hechos tienen la autoría intelectual de funcionarios civiles y militares que están supuestos a combatir el crimen.

El plan de desarme descansa en la buena intención, pero para esos fines necesariamente tienen que usarse otros procedimientos. La delincuencia no se combate con debilidad ni premios. La delincuencia se combate con tecnología, inteligencia y, en caso necesario, con fuerza.