La solidaridad y la confianza a través de los medios/Eduardo Caballero Ardila

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Eduardo Caballero Ardila

La palabra solidaridad proviene del latín soliditas, y expresa la realidad homogénea de algo que es físicamente entero, unido, compacto y cuyas partes integrantes son de igual naturaleza (RAE s/f). EDUCO (Educar Cura), que es una organización que se fundamenta en el trabajo humanitario y que está presente en 14 países, actuando desde hace más de 30 años, define este valor como “la toma de conciencia sobre las necesidades ajenas y la voluntad de prestar ayuda en consecuencia”.

La solidaridad es un tema social y como tal ha sido abordado por la mayoría de las religiones. Por citar un ejemplo la religión católica adoptó el término solidaritas, refiriéndose a la comunidad de todos los hombres, iguales por ser hijos de Dios. (Moënne. Karla. 2010). En la Biblia, Jesús de Nazareth nos dice que «el que tiene dos túnicas, comparta con el que no tiene; y el que tiene qué comer, haga lo mismo.»; mientras que el Papa San Juan Pablo II, indicaba que “la solidaridad no es un sentimiento superficial, es la determinación firme y perseverante de empeñarse por el bien común, es decir, el bien de todos y cada uno para que todos seamos realmente responsables de todos”.

Ya desde la visión del deber, Inmanuel Kant, uno de los pensadores más influyentes de la filosofía universal,  refiriéndose a la solidaridad decía que es deber de cada hombre ser benefactor, esto es, según sus capacidades, promover la felicidad de otros hombres en situaciones de necesidad, sin esperar algo a cambio por ello

En el mundo digital, hablamos entonces de solidaridad digital; donde que se ayuda a los demás aprovechando las redes de comunicación. Las redes pueden ser un extraordinario apoyo para la solidaridad y a través de ellas se han impulsado importantes campañas de solidaridad y activismo social. Hemos visto iniciativas como la eliminación del aceite de palma en la fabricación de chocolates de una muy importante marca, porque procedía de los bosques en los que vive una especie de orangután en peligro de extinción, o los movimientos MeToo que denunciaron agresiones y acosos sexuales por parte de importantes personalidades y hasta el movimiento Black Lives Matter que buscó la visibilización y justicia por parte de de la comunidad afroestadounidense.

En la actualidad, el activismo digital no se entiende sin las redes sociales. Cualquier causa solidaria requiere de audiencia para movilizar a la mayor cantidad de personas y ayudar en la causa. Sin embargo los especialistas hacen un alerta al diferenciar el activismo social del clictivismo, que diferencia la solidaridad digital del postureo  de muchas personas en las redes con el único objetivo de evitar quedar por  fuera en la foto social.

Del lado de las audiencias, las campañas de solidaridad digital se mueven entre:

La apatía de quien puede no estar interesado o quienes reciben avalanchas de solicitudes de solidaridad que superan las capacidades de apoyo. Una característica típica de países sin adecuados sistemas sanitarios o con importantes problemas económicos.

La segunda opción es la «homofilia», lo que significa «amor a los iguales». En este caso las audiencias filtran los contenidos y fijan su atención solamente en las necesidades de las personas parecidas a si mismo.

Finalmente encontramos a quienes escuchan a los que son diferentes. En un mundo global problemas e inquietudes de todo tipo suceden a muchos kilómetros de distancia con preocupaciones sociales despertando interés mediático. (Mary, Joyce, 2012).

La solidaridad digital también puede ser un gran negocio. La solidaridad en la red es una palanca de mercadeo muy poderosa; por ello siempre debemos preguntarnos  si estamos frente a un esfuerzo altruista o una mercantilización de la solidaridad. Grandes negocios han surgido desde la solidaridad. Por citar un ejemplo, AirBNB fue desarrollada para apoyar a quienes viajaban con bajo presupuesto siendo en la actualidad un negocio mil millonario. Las redes  también han visto aparecer importantes plataformas de solidaridad como GofundMe, Kickstarter o Indiegogo.

Así como hay que diferenciar la educación con los medios y educación para los medios, también debemos analizar la formación del valor de la solidaridad y la confianza a través de los medios o por otra parte  la acción solidaria mediante el uso de los medios.

Confianza: la columna vertebral de la solidaridad

la Real Academia Española (RAE s/f), define la confianza como “la esperanza que se tiene hacia alguien o algo”. la confianza nos hace capaces de esperar un trato solidario por parte de otros. Desarrollamos la confianza como cualidad para creer en una situación o en una persona de forma positiva; incluso en nosotros mismos, cuando esperamos que todo resulte de la mejor forma posible. Graham Greene, afamado escritor, periodista y espía británico, indicaba que “es imposible ir por la vida sin confiar en nadie; es como estar preso en la peor de las celdas: uno mismo”.

La confianza motiva la solidaridad, la solidaridad motiva la confianza. Y ambas, juntas, permiten las condiciones para la participación, las asociaciones y la cooperación. Es por eso que además de hablar de Confianza y solidaridad, hablamos de  confianza solidaria.

En la red, algunos aspectos pueden deteriorar la confianza mediática. Entre ellos nos encontramos el fenómeno de la agenda setting, donde los dueños o los editores de los medios y las redes buscan insertar un tema de conveniencia mediática en la agenda de las audiencias.  El otro aspecto que puede deteriorar la confianza mediática son las noticias falsas, también denominadas bulos. Estos dificultan la confianza. “En una Encuesta global CIGI-Ipsos 2019 el 44% de las personas admitió haber sido engañado por noticias falsas al menos una vez, y el 40% dijo que su confianza en los medios había disminuido debido a las noticias falsas.” (Pyrcek & Vignal, 2020).

Estos dos valores se adquieren a través de las primeras experiencias que resultan de la convivencia en la casa y colegio. De esta manera los adultos significativos ( David R. Shaffer, 2001), juegan un rol fundamental en el desarrollo integral en la juventud y en el desarrollo como agentes culturales y educativos del medio al cual pertenecen.

La confianza debe ser un activo en la relación familiar y una buena comunicación es obviamente necesaria entre padres e hijos para la protección en relación al consumo mediático. La coacción suele ser mala consejera para que nuestros menores clamen por ayuda cuando tropiecen con contenido inadecuado o sufrir cualquiera de los embates que pueden encontrar en su relación digital. Fomentar esa confianza es tarea conjunta que un adulto significativo debe propiciar.